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Liderazgo Audaz (Paperback)Hybels, Bill (Author)
The book you hold resonates with this conviction: leaders such as you have the potential to be the most influential forces on planet Earth. Yours is the staggering responsibility and the matchless privilege of rallying believers and mobilizing their spiritual gifts in order to help people who are far from God become fully devoted followers of Christ. Life transformation and the eternal destinies of real people depend on the redemptive message entrusted to the local church. Are you willing to do whatever it takes to lead your church effectively so God's message of hope can change the world? Then this book is for you.
"Courageous Leadership" is Bill Hybels' magnum opus, a book far too important to be written before its time. Only now, after nearly thirty years leading his own church from a handful of people with a burning vision into a globe-spanning kingdom force--only after almost three decades of victories and setbacks, of praying hard and risking big--is Hybels ready to share the lessons he has learned, and continues to learn, about Christian leadership. "Too much is at stake for you not to maximize your spiritual gift of leadership," insists Hybels. In this passionate, powerful book, he unpacks the tools, tasks, and challenges of your calling. You'll discover the power of vision and how to turn it into action. You'll gain frontline insights for developing a kingdom dream team, discovering your leadership style, developing other leaders, making decisions, walking with God, embracing change, staying on your God-given course, and much, much more. Drawing on his own richly varied life experiences, Hybels fleshes out vital principles with riveting firsthand stories. This isfar more than another book on leadership strategies and techniques. You'll find those topics in here, to be sure. But beyond them, you'll find the very essence of one of today's foremost Christian leaders--his fervent commitment to evangelism and discipleship and his zeal to inspire fellow church leaders even as he seeks to keep growing as a leader himself. If unchurched people matter to you . . . if you love seeing believers serve passionately with their spiritual gifts . . . if God's heartbeat for the church is your heartbeat as well . . . then this book is a must. "Courageous Leadership" will convince you to lead with all your might, all your skill, and all your faith. And it will give you the tools to do just that. Details
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Chapter ExcerptChapter OneChapter OneLos riesgos del liderazgoDiez días después del ataque a las torres del world trade center me paré sobre los escombros en la Zona Cero, abrumado por los resultados de uno de los sucesos más horribles de la historia. En esa mañana del 11 de Septiembre del 2001 que cambió al mundo, Manhattan, Nueva York, se convirtió en una zona de guerra. Los terroristas no tomaron prisioneros ni tuvieron rehenes. La muerte fue la única opción que ofrecieron, así que tres mil personas comunes murieron ese día, muchos sin la oportunidad de un último abrazo o un último adiós. Los funcionarios públicos de la ciudad de Nueva York, que me invitaron a recorrer la Zona Cero, me permitieron pasar los puntos de inspección hasta llegar al "Hoyo": el área inmediata que rodea las torres caídas. A la sombra imponente de las inmensas grúas que movían lentamente los pedazos de metal retorcido, los trabajadores de rescate excavaban en los escombros, y brigadas de voluntarios pasaban de mano en mano cubos llenos de desechos. Supe que los trabajadores se movían en silencio, escuchando sonidos -cualquier sonido- de sobrevivientes. Esos noventa minutos permanecerán conmigo por el resto de mi vida. Las palabras no pueden transmitir, ni las pantallas de televisión captar, la enormidad de la devastación que vi durante esa hora y media. Estas fueron las tres únicas palabras que logré musitar en los primeros treinta minutos: "¡No puede ser!" Las repetía una y otra vez. En mi mente había imaginado a las dos esbeltas torres hundiéndose hasta formar una pila de escombros que cabría fácilmente en los límites de un gran estadio de fútbol. Mi imagen mental era suficientemente grande, y dramática, pero la realidad era cientos de veces más trágica. Una milla cuadrada (2.59 kilómetros cuadrados) de ruinas. Numerosas manzanas de la ciudad arrasadas. Uno de los edificios pequeños que cayó era de más de cuarenta pisos de alto. Varios edificios grandes, aún de pie cuando me encontraba ahí, se estaban doblando y tuvieron que ser demolidos. Algunos lucían como el Edificio Federal de Oklahoma con su frente destruido. Otros, a cuadras de distancia, tenían las ventanas hechas añicos. La verdadera enormidad de lo ocurrido ese día me dejó sin habla. Al ver la dedicación de los trabajadores de rescate, dije nuevamente: "¡No puede ser!" Muchos de ellos todavía excavaban diez días después; sus manos estaban llenas de sangre, y sus pies llenos de ampollas, porque sus compañeros bomberos yacían enterrados bajo las pilas de acero retorcido. ¿Cómo puedo describir lo que significó estar con ellos, mirar sus ojos y ver la profunda interacción de total agotamiento y determinación inflexible? Había cientos y cientos de ellos. Me encontraba indeciso entre mi deseo de echar mano de ellos y decirles: "Por favor, deténganse. Deben descansar. Necesitan ir a casa", y al mismo tiempo mi anhelo de darles una palmada en la espalda y decirles: "¡No se rindan! Si yo estuviera bajo ese montón de desechos, quisiera que alguien como ustedes excavara por mí". Nunca he estado en la guerra, por lo tanto, no he visto hombres y mujeres como esos. Nunca he visto personas casi muertas, deambulando entre la mortandad, porque no podían hacerlo de otra manera. Nunca lo olvidaré. Personas como esas ennoblecen el espíritu humano. Nos recuerdan que todavía podemos ser heroicos. Más tarde ese día un taxi me llevó a un lugar designado, varias cuadras distantes del sitio de rescate, donde familiares y amigos colocaban fotografías de sus seres queridos en una cartelera construida toscamente, la cual se extendía por cientos de metros a lo largo de la acera. Mientras miraba de arriba abajo, y de lado a lado, las fotografías amontonadas, dije otra vez: "¡No puede ser!" No podía ser que hombres, mujeres y niños tuvieran que vivir con este tipo de pérdida y dolor. Los rezagados caminaban de un lado al otro. Veinticuatro horas al día vagaban como zombies por las calles de la ciudad, esperando contra todo pronóstico que alguien pudiera decirles algo sobre su padre, su hija, su amigo. No había forma que pudieran continuar con sus vidas. No podían comer ni dormir. No podían irse a casa sin alguna información, alguna noticia, alguna clase de fin. Yo podía entender la tenacidad de esas personas. ¿Qué más podían hacer? Si mi familia (Lynne, Shauna o Todd) o mis amigos estuvieran entre los desaparecidos debajo de los escombros, yo haría lo mismo. Pegaría sus fotos por toda la pared; agarraría a la gente por el cuello de la camisa si pensara que podrían ofrecerme un ápice de información o esperanza. (Continues...)
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